“Bullying” o patologización de la vida escolar




“Bullying” o patologización de la vida escolar

Así como diversas manifestaciones conductuales del ser han sido adscriptas a categorías clínicas, la fenomenología social emergente en el ámbito escolar no ha de ser la excepción. Comportamientos y dinámicas entre pares desplegadas entre los muros de la escuela son re-significadas en virtud de categorías emergentes en contextos diversos tales como el estadounidense. Ello en desmedro de una correcta apreciación contextual. En suma, cualquier partícipe de la vida escolar reconoce en la conflictividad social entre los alumnos las dicotomías imperantes en la sociedad toda, tales como fuertes y débiles, ricos y pobres, feos y lindos, entre otras.
Una vez más, la pretensión de universalidad que categorías tales como “Bullying” detentan y su posterior aprehensión en tanto tales barre la particularidad del caso por caso en perjuicio de toda consideración contextual. Es así, que del sentenciado acoso resultan personas claramente imputables: un acosador, un acosado y un grupo que ha aplaudido gregariamente o bien ha decidido ignorar los sucesos. Resulta oportuno observar que de tal cuadro el derecho podría atribuir una sanción pertinente, ¿Pero acaso somos los profesionales de la salud y los pedagogos simples juristas? Si bien la norma escolar estipula castigos para tal alteración de la pacífica convivencia, es sabido que en modo alguno resuelve la problemática de fondo con la excepción de situaciones en las cuales deviene en una oportuna y justa intervención en torno a un caso de cinismo patológico. Sin embargo, la mayoría de los casos exponen un agresor que a su vez padece, cuyo vínculo con la alteridad posee condiciones susceptibles de de-configurarse con la precisa intervención de un adulto o bien el debido consejo por parte de la escuela y el consecuente trabajo terapéutico acorde cuando la complejidad así lo requiere.  
La importación de conceptos elucubrados en ambientes harto distintos al propio y su posterior aplicacionismo ha hecho ya estragos en lo que a análisis educativo refiere. Resultado de ello, una vulgar transpolación de postulados piagetianos sin su correcta reelaboración en tanto postulados didácticos o bien el empleo de terminología psiquiátrica por parte de docentes y agentes de la educación varios tales como TADD, vale decir en forma indiscriminada y peor aún muchas veces ignorante.

¿Existe el “Bullying” entonces?

Partamos de una situación análoga. Si bien conductas de algunos sujetos en desarrollo pueden conllevar un correcto diagnóstico psiquiátrico, a modo de ejemplo, Trastorno de Atención con o sin Hiperactividad en función a los criterios preestablecidos, es cierto a su vez que el discurso atribuye la condición a un número cada vez mayor de seres que dudosamente cumpla tal requisito clínico. Basta con inmiscuirse un poco dentro de las problemáticas escolares para ver que existe una proliferación de diagnósticos emitidos para alumnos cuya situación singular difícilmente pueda explicarse en función de uno o más trastornos, al tiempo en que una gran cantidad de educandos se presenta como reales detentores de déficit originados por éstos y no han acudido a profesional alguno por falta de un oportuno accionar en manos de sus responsables directos.
El Bullying en tanto nominación y categorización de la situación no brinda, en la mayoría de los casos, herramientas reales de acción para los intervinientes. Pues si bien existen fenómenos vinculares puntuales posiblemente asociables a lo que se denomina de aquél modo, el grueso de las situaciones que así nombran padres y docentes no es el caso. Lo cual nos lleva a la habitual demanda parental de acción en torno a presuntos acosos escolares con el posterior temor de las autoridades a ser señaladas por aquellos frente a los inspectores regionales y la consecuente toma de medidas artificiosas y punitorias. Recuerdo un padre que envió a la dirección de la escuela en la que entonces yo trabajaba varias cartas denunciando situación de Bullying del cual su hijo era víctima. Tales cartas pasaban por alto a todos los agentes escolares inmediatos a éste, instando a llegar sin intermediaros a las manos del directivo de turno. Dicho padre fue citado en numerosas ocasiones para poder dialogar acerca de la problemática, nunca asistió puesto que “sus horarios no se lo permitían”. Pese a ello, la implementación de intervenciones dirigidas hacia el grupo-clase alteró favorablemente la situación, aunque poco pudieron hacer frente a la fenomenología vincular que la propia conducta del joven propiciaba, la cual evidenciaba una notable carencia de recursos interpersonales.
¿Existen situaciones catalogables como Bullying? Por supuesto que sí, aunque es preciso revisar desde una gestión escolar basada en la ética tales casos y repensar todos aquellos otros denominados erróneamente acoso que interpelan acerca de los roles que los propios adultos despliegan en las instituciones que atraviesan la existencia de los jóvenes sujetos implicados, en particular, familia y escuela.

Prof. Lic. Mauricio Cordero Racig



[i] Mauricio Cordero Racig es Licenciado y Profesor de Enseñanza Media y Superior en Psicología, egresado de la Universidad de Buenos Aires, Argentina. Docente y Asesor Psicológico en escuela media. 
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